Silent Hill: Townfall es una aventura de terror psicológico en primera persona que combina elementos clásicos de la saga de Konami con una herramienta central bastante original. Su atmósfera, narrativa y puesta en escena dejan una impresión fuerte, aunque la insistencia con el sigilo y la limitada variedad de criaturas le impiden redondear una experiencia sobresaliente.
Historia y contexto
La historia sigue a Simon Ordell, quien emerge de las aguas del Mar del Norte y se interna en St. Amelia, una aislada localidad costera de Escocia a comienzos de los años 90. Allí debe reconstruir qué ocurrió con la comunidad mientras recorre hospitales, oficinas, edificios abandonados y una versión sobrenatural del lugar. Zoe y Richard también forman parte de este espacio extraño compartido con Simon.
El relato gira alrededor del remordimiento y la penitencia, construyendo progresivamente tanto a sus personajes como el desastre que golpeó al pueblo. St. Amelia no funciona como un simple decorado: sus calles, interiores deteriorados y transformaciones contribuyen a contar lo sucedido. Una primera partida demanda alrededor de 11 a 13 horas, y los varios finales, atuendos y armas adicionales ofrecen motivos para volver.
Gameplay
La gran novedad es una minitele CRT portátil que permite sintonizar señales, conseguir pistas y detectar monstruos incluso detrás de paredes u obstáculos. Cada criatura requiere su propia frecuencia y el aparato no puede mostrar varios enemigos a la vez, por lo que explorar termina convirtiéndose en un rompecabezas constante. Es una herramienta creativa y útil, aunque en varios tramos queda reducida principalmente a radar y recurso narrativo.
Los recursos escasean y cada bala u objeto curativo cuenta. Simon puede utilizar tablones, tuberías y armas de fuego, pero los disparos atraen a las criaturas cercanas. También hay botellas y ladrillos para distraerlas, además de objetos curativos y una resurrección mediante una bolsa intravenosa. Los enemigos son resistentes e impredecibles, obligando a tomar decisiones rápidas.
El sigilo domina buena parte de la experiencia, pero sus recursos resultan demasiado familiares y algunas secciones difíciles pueden transformar la tensión en cansancio. Los puzles también son desparejos: los mejores combinan observación, lógica y simbolismo, mientras otros apenas exigen seguir instrucciones. La variedad de enemigos es limitada y el diseño de varias criaturas no está al nivel del resto del apartado artístico.

Gráficos y audio
Townfall sobresale por su representación de St. Amelia. La niebla, la suciedad, los daños estructurales y la iluminación tenue construyen escenarios opresivos con una identidad marcada. Las secuencias también muestran cuidado en los rostros, las miradas y los gestos pequeños. En el equipo de prueba de Vandal funcionó prácticamente sin inconvenientes a 4K, con DLSS y 60 imágenes por segundo, aunque aparecieron tirones puntuales. La presentación utiliza por defecto un formato 21:9, con opción para eliminar las bandas negras.
La música de Pilotpriest recoge la influencia de Akira Yamaoka sin perder personalidad propia. El trabajo sonoro resulta decisivo para sostener el miedo y la atmósfera, aunque algunos efectos carecen de la misma contundencia perturbadora. El juego incluye textos en español y voces en inglés y japonés.
Veredicto
Silent Hill: Townfall encuentra un equilibrio convincente entre la identidad histórica de la serie y sus ideas nuevas. La minitele CRT modifica de verdad la exploración, mientras St. Amelia y su historia sostienen una aventura oscura, incómoda y con momentos memorables. Sin embargo, la dependencia excesiva del sigilo, los puzles irregulares y la escasa variedad de monstruos se hacen sentir. Con una nota de 8.3, es una propuesta de terror potente y personal que no siempre consigue aprovechar por completo sus mejores recursos. Se lanzará el 24 de septiembre de 2026 para PC y PS5.




